Antes de elegir regadera hay que saber con qué presión de agua cuentas. Es lo que decide si una ducha tipo lluvia te va a funcionar o te va a dejar un chorro flojo: las regaderas grandes reparten el mismo caudal entre muchos más orificios, así que con presión baja se sienten débiles aunque estén nuevas.
Si vives en un piso alto sin equipo de presión, o el agua llega por gravedad desde un tanque, una regadera de 20 cm rinde mejor que una de 30. Con presión de red normal o con bomba, la de 30 cm es la que da la sensación de lluvia que se busca.
El otro componente es el control: el mezclador empotrado maneja fría y caliente desde la pared, y el registro es la llave de paso sencilla. Un cambio de ducha completo casi siempre necesita también la rejilla del piso, que es la pieza que todo el mundo olvida hasta el día de la instalación.
Una regadera de menor diámetro, de 20 cm o menos. El caudal que llega es el mismo, así que repartirlo entre menos orificios hace que cada chorro salga con más fuerza. Las regaderas grandes tipo lluvia necesitan presión de red o un equipo de presurización para sentirse bien.
El registro es una llave de paso: abre y cierra una sola línea de agua. El mezclador combina la fría y la caliente en una sola salida y regula la temperatura. Si tu baño tiene calentador necesitas mezclador; si solo llega agua fría, con registro basta.
El control de agua (mezclador o registro), el brazo que sostiene la regadera y la rejilla del desagüe del piso. En el armador de ducha te mostramos esas piezas juntas y solo las que combinan en acabado entre sí.
Varía por referencia: algunas lo incluyen y otras se venden solo con la regadera. En cada ficha está el detalle de lo que trae la caja; si tienes dudas con una referencia puntual, escríbenos por WhatsApp antes de comprar.